Destino


Por: Seb M Coronnel 



Iba caminando por la resbaladiza acera hacia la estación de tren. Una mundial de problemas inundaban mi cabeza y entonces la lluvia, sin el mayor esfuerzo reclamo el puesto número mundial y uno. Mi abrigo pesaba el doble e instintivamente mi cerebro maquinaba la explicación teórico-física del porque
(El material del abrigo es de una elevada porosidad y esto es lo mismo que decir que es absorbente, debido a la lluvia el agua es retenida, elevando el peso de la masa)
Podía sentir las gotas de agua que utilizaban mi cabello como viaducto de desagüe… Camuflaban a la vez unas saladas y tibias lágrimas que melancólicas se liberaban de su sufrimiento por entre mis hinchados y pesados ojos. Me desencaje las gafas de mi cara, estaban empañadas, de hecho ya no veía nada, alce mi brazo y con la chorreante manga del abrigo me ‘’seque’’ la cara diciéndome por enésima vez que  no era practico llorar. Que al final había sido el destino…
¿Destino? Me pregunte en ese momento que era, exactamente, el destino.
En la esquina un auto pasó a toda velocidad, esparciendo el fluido más importante para la vida, donde ya no era necesario que hubiera tanto porque ya había cumplido su trabajo, su destino. Paso a paso me acercaba más a la estación de tren. Todas las personas llevaban paraguas, para evitar la lluvia, para evitar un problema. Fingir es una especie de paraguas, fingir nos resguarda de todos los problemas que tanto tememos. Un pequeño niño de unos seis o cinco años se zafo de la seguridad de su madre y empezó a  saltar de charco en charco, la reprimenda no se dio a esperar.
. —Henry. ¡NO! Ven acá pescaras un grave resfriado, no tenemos tiempo ahora para que te enfermes. —escupió una señora de mediana edad con piel cetrina y cabello entrecano.
Destino. Tiempo. Problemas
. —Que Temporal que hace últimamente. —menciono una anciana de voz chillona y pastosa a su compañera, sostenía un paraguas rosa con motas de colores, y entonces caí en la cuenta de que algo no estaba bien… cuando ella se refería a temporal… se refería a ¿el hueso par, irregular, neumático, situado en la parte lateral, media e inferior del cráneo.? O  ¿a la medida del tiempo?
¿Cómo una palabra podía ser dos cosas a la vez?...
Mis pensamientos se vieron interrumpidos, sin darme cuenta había llegado a la estación. Había penetrado una gran umbral, iluminado por miles de luces blancas y cegadoras, los más seguro es que la gente se fijara en mí, de todos los presentes era el único que escurría un mar de agua dentro de la lustrosa y hermética estación. Al acercarme a la taquilla escuche  la fina y delicada voz que se filtraba por los parlantes que se suspendían como gavilanes sobre toda la amplitud del recinto
.--Tren D19 con Destino a ClerkStreet, Tren D19 con destino a ClerkStreet...
La mecánica y artificial voz me hizo recordar...
¿Que era el destino?
Anteriormente me había referido a él como un futuro al que llegamos de una manera predeterminada, pero en aquel entonces, la voz del parlante se refería al como un lugar, igualmente, determinado. Por lo tanto... ¿qué es el destino?
.--Joven.--insistía la vendedora de tiques.--son un dólar con veinticinco centavos
Deslice un arrugado y raído billete junto con tres monedas, y de nuevo me percate como un solo significado puede tener dos...
.--gracias.-- le escrute entre dientes y sin ánimos a la vendedora y y me lleve el tiquete al bolsillo. Para acceder al sistema de transporte de la ciudad, que era la capital, tenías que depositar tu capital... ¿entonces le das tu capital a la capital? Al sentarme en el banco que se encontraba aislado  y de cara a las inertes y a la vez vivas vías del tren. Seguía preguntándome como una cosa podía ser dos cosas a la vez. Como la capital podía ser la capital geográfica y a la vez la capital monetaria. Como el temporal era, tanto, el hueso par, irregular, neumático, situado en la parte lateral, media e inferior del cráneo y  a la vez el estado climático del planeta donde seres que simplemente ignoraban lo obvio habitaban, creo que por eso eran felices... y yo no
Un estruendo  se escuchaba a lo lejos, anunciando que mi tan esperado tren ya se acercaba, me puse de pie  para poder entrar sin rodeos, pero entonces mi atención se centró en las paralelas líneas que formaban las ahora vivas vías del tren. ¿Que era el destino? Que era... era simplemente un par de líneas paralelas e irrefutables que siempre apuntaban hacia una misma dirección, a un mismo lugar. El destino no era algo que a la vez era dos cosas, era dos cosas que, a la vez juntas, formaban un solo algo, o mejor dicho un solo alguien, a ti mismo.

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