Entradas

Mostrando las entradas de mayo, 2014

Hogar

 Por: Maria Alejandra Valencia Hincapie Me levanto todos los días con la misma monotoía, tomo mi taza de café y veo como el rocío de la lluvia permanece en el cesped de la calle; estoy al otro lado del mundo tratando de no olvidar de donde vengo, que mis raices no se pierdan, intentando que el tiempo no se desvanezca e el mismo tiempo, halando y obligando a los recuerdos a no irse con la cafeína, pero luego me doy cuenta que no es suficiente tratar de hacer que se queden, ¡quiero más! ¡quiero mi hogar!

Colina

Por: José Daniel Bustos Los brazaletes que cuelgan de mis muñecas tintinearon empujados por la suave brisa. El collar que colgaba de mi cuello ni se inmutó. Decidí tomar aquello como una señal, un presagio. Algo estaba por suceder, ¿pero qué? Debí haberlo ignorado todo, eso debí de haber hecho. En cambio decidí tomar el camino que me marcara el viento. Primero al sur, pequeños giros al este y luego al norte. Después un camino recto hacia el oeste, subiendo la colina de San Antonio. Al llegar a la iglesia una pequeña anciana con rasgos indígenas y prendas que al parecer eran gitanas me dio la bienvenida. Me preguntó mi nombre, y sonrojada le respondí “María, María del Mar”. “Del MAr, como mi pequeña hija… Murió en brazos de mi esposo”. Me ofreció una pulsera de perlas verdes, la amarró a mi muñeca izquierda. Le di un par de monedas a cambio. “No se detenga, jovencita, no se detenga”. Señaló al cielo detrás de mí. Caminé y me subí a un pequeño muro. Desde allí contemplé la ciudad con ...

Así soy

Una mirada lánguida Trasmitían mis pupilas Suplicaban ayuda para vivir mejor Porque sentía que se me iba la vida En un soplo lento y lejano Personas que pasaban por mi vida Les pedí que me ayudaran Pero fue tanto la dureza de su alma Y me dieron un rotundo “No” Mis lágrimas se volvieron alegría Al ver que Dios bajaba lento Para darme paz y ayudarme Con un amor que nadie entendía Tengo amor para irradiar Felicidad que dar en cantidades Sueños que realizar en este mundo Paz para calmar las almas angustiadas Porque veo que mi alma Alcanza lo imposible a la realidad, Esa realidad que viene impregnada Del roció de la lluvia de la esperanza Soy terruño de caricias Cuando veo que sol me mira Soy soñador, ese soñador loco Que a pesar de las mareas altas Se, que Dios me protege siempre con su luz Rosa, esa pequeña rosa Es mi madre cual luchadora Incansable ante la oscuridad, Dulce silencio hay en sus labios Porque me permitió entrar en sus alas Peque...

Por: Kira Chan Nyuu

La función termino Tus ojos un día los vi tristes y apagados Entonces me di cuenta que todo acabo Porque el día que te conocí me mencionaste Que el día que tus ojos estuvieran así La función acabaría y se cerraría un telón Negro y espeso como el petróleo Y la miseria que habías ocultado Por años correría de nuevo por tus venas Tus penas regresaron, salieron del pozo Donde estaban olvidadas, y yo ya no podía Ya no podía hacer nada, intente detenerte Pero tú me empujaste fuertemente al suelo Mirándome a mí diciéndome adiós Caminaste lentamente al vacío del barranco Dejando la vida y llegando la muerte.
Por: Gabriela Guerrero No todo es tan pútrido, ni tan lóbrego, no tan gélido, o tan frívolo... existe aún la paz que se encuentra quizás en el rincón más abúlico de todas las almas que todavía esperan y sueñan con un orbe eufónico, equilibrado, justo, sin pretensiones absurdas o sumisiones inútiles, un orbe ya no tan bárbaro, no tan absurdo, no tan inconcuerdo, no tan inconsciente, ignorante... y no tan devastador.  Y basta un pedazo de pan para los pájaros, un plato de comida para los incomprendidos. Un insomnio dispuesto a repartirse con sencillez . Un doblez de la vida entre los hombres. Una comunión para la paz del ciego. Una sonrisa para la luz del niño. Un paréntesis a pleno día. Un alarido de esperanza en medio de la guerra. Un papagayo que todavía se asoma... basta una luna, y una noche estrellada, una luz de frecuencia sobrehumana y las manos de un millar de hombres esperanzados, dispuestos a caminar juntos, o al menos cercanos. La furia de un enorme juramento. El ...

Mirada.

Por: Juan Carlos Cortés En medio de una nada verde, en donde kilómetros de pastizales se expanden sin control, se levanta una edificación. Es una construcción sencilla, pensada para que parezca una casucha abandonada a la deriva en ese mar de pastos. Pero solo es una fachada, la música que se percibe proviene de sus adentros, dejando claro que la intención es ocultar la entrada a un lugar sórdido, en donde se dan cita un sin número de esperpentos, espantos y monstruos, en donde los más siniestros planes se ingenian y las nefastas acciones se recompensan. Todo tipo de criaturas confluyen, las camareras son mujeres escorpión, araña, o avispa, las bailarinas, nagas, arpías, y féminas bestiales, todo ser de pesadillas está presente y la alegría que desprenden, es proporcional al sufrimiento que llevan a los humanos. En ese sitio es día de celebración, uno de los tantos espantos que recorren la tierra, ha sido promovido a demonio, sus macabras acciones le han otorgado ese honor, y sus...

Adivina quien soy

Hola. Nunca me has visto, pero me has sentido. No me conoces, pero sabes mi nombre. Soy tu mayor miedo; Soy lo más justo del universo. No tengo amigos ni los necesito. Soy la soledad pura; Pero siempre hay alguien conmigo. Soy el mayor de los pecados. Soy la decisión sin reversa Soy lo seguro de tu vida. Hago parte del todo; Pero vivo en la nada. Tengo cien fiestas. Me han cambiado el nombre mil veces Para los griegos soy La Parka, Para los japoneses Shinigami Y para ti; ¿Qué soy? ¿Quién soy? He estado desde el inicio del tiempo. Soy lo último del universo. Usualmente me ponen como el malo, pero siempre me piden hacer justicia Soy LA MUERTE

Aquellos sueños

 Por: Kam Beat — ¿Cómo soñarte lejos de mí? ¿Cómo desprenderte de mi mente? No puedo asimilarte, no puedo asimilar tus decisiones, solo me asimilo a mí amándote hasta desfallecer. — Le confesé a Nora, desconcertado. —13 de Enero de hace un año, ¿Recuerdas? — Dijo ella sonriendo, como si mi descontento fuera insignificante. Me sentí un poco estúpido, porque dicha fecha no me traía ningún recuerdo. Así que sin pensarlo le respondí. —No, no tengo idea de qué hablas. —Normal, nunca fuiste bueno para las fechas. — Apuntó, se detuvo un momento mientras suspiraba con cara de satisfacción, creo que no podré sacarme esa expresión de la cabeza, como si estuviera recordando a su primer mascota o algo parecido — El desierto, después de la Maratón de Sables. Me estremecí, ella acababa de mencionar uno de los recuerdos más preciados que tuvimos juntos. Me llevó a un momento de antaño que me hizo recordar todo. Ella y yo, corriendo la Maratón de Sables, ambos en primer y segu...

Arenas doradas

 Por: Juan Carlos Cortes El tiempo ya no importaba, no podía determinar cuando había desaparecido la carretera ni mucho menos el momento en que mi estúpida determinación me había convencido de afrontar la absurda búsqueda de una leyenda. Algo era cierto, la d esesperación fue artífice de la decisión descabellada, pero ahora en medio de un océano de arena, golpeado por el sol y sin saber a dónde ir, me daba cuenta de cómo era la verdadera desesperación. Mis cálculos eran vagos, con las provisiones que tenía era posible que aguantara por lo menos tres días a no ser que alguna alimaña me atacara o no soportara las temperaturas extremas. Dar la vuelta no era posible, la carretera que atravesaba el desierto había sido reemplazada por grandes dunas, de las cuales tenía la certeza de no haberlas escalado. En medio de una nada dorada, recriminaba mi credulidad, como era posible que un viaje a través del desierto en busca de ayuda económica terminara en la búsqueda invero...

Muerte al final de la carretera

Por: José Daniel Bustos La muerte nos esperaba al final de la carretera. Eso lo sabíamos todos, toditicos todos. No había razón para saberlo, ni siquiera para pensarlo. Ni para intuirlo. Simplemente lo sabíamos. Acabábamos de terminar con el último parcial del semestre y no queríamos saber más nada de la universidad, ni de nuestras casas, ni de nuestras vidas. Mentiría al decir que la idea fue mía, pues la saqué de esas típicas e innumerables series juveniles en las que varios adolescentes deciden viajar a cualquier lugar para terminar con el estrés de los finales de semestre en una playa o en la orilla de un lago. La idea no fue mía. Simplemente lo dije en voz alta, en tono de broma. Pero no sonaba nada mal, y eso era justo lo que necesitábamos, lo sabíamos. Pudimos haber ido a cualquier lugar en la cordillera o en el valle. Cualquier lugar en el que acampar que fuera cercano a un pueblo como en el que vivo. Y, de hecho, eso habíamos decidido. Acamparíamos junto al río en el corre...

Anonimo

Usted me dijo que ya no puede sentir de la misma forma que antes porque la vida se ha encargado de dormir esa parte suya y no quiere salir herido de nuevo. ¿Sabe que pienso? Que para todo existen segundas oportunidades y terceras y cuartas y todas las que quiera para poder reanimar lo que usted cree que está muerto. Le comento que las cosas que ya creemos perdidas son por las que más vale la pena dar la batalla y salir vencedores. No pretendo hacerle cambiar su visión pero le diré algo: sería para mí un honor poder reparar esa parte de usted que ya cree perdida. Es obvio que usted no me ve de esa manera, que no me considera más que su amigo pero, así, en ésta condición en la que usted me tiene trataré de hacer todo lo posible para que pueda sentir como antes. Probablemente usted no quiera y respetaré esa alternativa, si usted no quiere que yo entre en su vida, yo enseguida lo que haré será alejarme y tratar de verlo solo como un amigo al que en algún momento tanto quise. ...

UN VIAJE A PARIS

Imagen
I Los   murciélagos   revolotearon  dentro del pequeño  refugio  en el que  vivo,  yo sabía de  dónde  venían    y por qué eran tantos  y por qué coincidían con la    extraña  niebla  que a veces   nos   visita   en el Distrito de Aguablanca  y también entendía   que  KW  se asustara  y de un   salto  volara  atravesando  la  cocinita que da  hacia la ventana  exterior  y se  enroscara en las cobijas   hechas   con pedazos    de   madrugada. -No tengas  miedo-  le dije serenamente   recordando  a  la  abuela  y a  mamá – todos los años,  aunque parece que este  año se ha adelantado un poco y no sé si será   por el cambio climático o por alguna  extraña...