Aquellos sueños

 Por: Kam Beat



— ¿Cómo soñarte lejos de mí? ¿Cómo desprenderte de mi mente? No puedo asimilarte, no puedo asimilar tus decisiones, solo me asimilo a mí amándote hasta desfallecer. — Le confesé a Nora, desconcertado.
—13 de Enero de hace un año, ¿Recuerdas? — Dijo ella sonriendo, como si mi descontento fuera insignificante.
Me sentí un poco estúpido, porque dicha fecha no me traía ningún recuerdo. Así que sin pensarlo le respondí.
—No, no tengo idea de qué hablas.
—Normal, nunca fuiste bueno para las fechas. — Apuntó, se detuvo un momento mientras suspiraba con cara de satisfacción, creo que no podré sacarme esa expresión de la cabeza, como si estuviera recordando a su primer mascota o algo parecido — El desierto, después de la Maratón de Sables.
Me estremecí, ella acababa de mencionar uno de los recuerdos más preciados que tuvimos juntos. Me llevó a un momento de antaño que me hizo recordar todo. Ella y yo, corriendo la Maratón de Sables, ambos en primer y segundo lugar, ella por delante de mí, claro está.
—Sí, lo recuerdo. — Me mantuve en silencio unos segundos — ¿Y qué con eso?
—Esa noche, en la carretera. Todo era tan perfecto. Tus ojos tenían cierto brillo estremecedor, y las líneas de tus labios parecían perfectas para ahogar los míos en ellos.
En cuanto dijo eso, me di cuenta que estábamos pensando precisamente en el mismo momento del día. Esa noche ella estaba hermosa. En su vestido blanco, con un atrapa sueños puesto de arete, con su anillo de coco tallado que le obsequié meses atrás, con sus mejillas rojas como si fuera una niñita, descalza, frágil; estaba tan bella que no parecía que acabara de correr una maratón de 3 días por el desierto. Decidimos caminar por la carretera, viendo a donde nos llevaría el viento para volver antes de las 3 de la mañana. La carretera parecía infinita, las estrellas nos miraban, cada beso, cada palabra, cada risa, cada caricia, tal y como Nora acababa de mencionar, todo era tan perfecto. Y ese día yo…
—Sí, ese día todo parecía perfecto. — Continuó ella, sacándome de mis propios pensamientos. — Pero tengo que confesarte que ese día ya no te amaba. Me causaba tristeza saber que las estrellas eran testigo de mi engaño. No me veas así o lloraré. Es tiempo de que continuemos nuestra historia separados, aún nos quedan muchas cosas por vivir como para encadenarnos. — Ella tomó mi mano, y se fue sin decir ni una palabra. Cuando se fue de aquella tienda de flores que tanto frecuentábamos, solo me detuve a ver mi mano, y ver el anillo de plata que, con esmero, había conseguido para ella.
…Ese día, hace un año yo le propuse matrimonio. Y hoy, rechazado y con el alma rota me voy a continuar mi camino y a hacer realidad aquellos sueños que tendré que vivir por separado.

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