Me gusta decir que soy un zombie, por Juliana Chacón

A la mayoría de las personas les causa gracia el simple hecho de que que afirme ser un zombie, creen que estoy bromeando. Esperan una breve disculpa y una risa de mi parte, pero por más que quisieran -tanto ellos como yo-, no es así. Actúo como cualquier otro ser humano y no es para nada complicado, con tal de que respires nadie tendrá la más mínima sospecha de tu condición, tan sólo hay que fingir que todo se encuentra en perfectas condiciones y ya está; si bien podría decir que estoy en coma eso sería socialmente inaceptable, de seguro recibiría a cambio miradas de disgusto, rostros arrugados y susurros de fastidio al estar frente a un ser tan descarado que reta al destino y juega con su salud. Sin embargo, no puedo negar que es una perfecta analogía. 
Cuando estás en coma, te encuentras en un estado de inconsciencia en el que el cerebro funciona a pesar de los daños. Una persona en coma puede morir, recuperarse o pasar a estado vegetativo. Y en mi caso, algo murió ese 18 de abril de 2003. Murió la niña inocente que obedecía a los mandatos de aquel miserable, murió la promesa de un oscuro secreto, murió la prueba que declaraba compartir la misma sangre, sangre impregnada de perversión y descaro. Murió una parte de mí que jamás volverá. 
A pesar de todo eso respiro, al fin y al cabo eso es lo que cuenta, no?

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